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Friday, April 12, 2013

17. Jugando con las evaluaciones


Toda la charla de esa tarde se centró en ideas de cómo lograr que los niños no vieran las evaluaciones como algo amenazante. Mi mentor me mostró una investigación donde se indica el índice de stress que las evaluaciones provoca en los alumnos, llegando al punto de que sólo escuchar la palabra causaba terror. Pero al final de cuentas, como bien me explicaron todos, cuando se tiene un empleo rara vez sufrimos esas tormentosas experiencias, a cambio de ello, entre más capacidad se tenga para adaptarse al ambiente y para resolver problemas, mayor es el cheque.

En el caso de los maestros solo recibimos ordenes y seguimos agendas, cada vez más personas escriben sobre la infortunada profesión docente, llegando al punto de decir que un sueldo tan miserable no vale la responsabilidad. Eso es cierto, pero aún creo que los niños merecen un poco de esfuerzo.

Durante el fin de semana, todos pensamos en las preguntas y posibles respuestas que se podrían encontrar en los exámenes, las validamos y las pusimos en una aplicación en la cual cuando se responde permite ver si la respuesta es correcta o no, pero aunque suene genial, la verdad es que nunca se detiene a analizar las respuestas. Eso es lo que estaríamos haciendo con los niños, darles la capacidad de análisis y entre todos responderíamos, sin que lo sintieran aversivo, esperando que pudiéramos romper con la idea de que la evaluación no importa.


El lunes llegué al salón y propuse un juego con el que comenzaríamos cada día, sería una especie de concurso como Jeopardy y todos los niños  tendrían turnos para responder. A diferencia del error común  de trabajar en grupos, las respuestas se darían de manera individual, pues al final, las calificaciones son individuales, así que evitaría el sesgo de que confiaran en las habilidades de otros, pues cada uno debe crearlas y usarlas en su beneficio.

El juego consistía en responder, analizar las respuesta y compararla con la respuesta correcta. El grupo se dividía en 4 y por turnos cada una de las divisiones respondería, el grupo de ganara al menos 5 puntos, pues se harían 19 preguntas por día, tenía el derecho de decidir la siguiente actividad, que podría ser lectura, escritura, matemáticas o ciencia. Eso nos daría flexibilidad durante la clase y a ellos un premio.

Aprendí que si una respuesta les era confusa, podría trabajarla durante las actividades del día para consolidar sus conocimientos. Reíamos tanto que ellos mismos comenzaron a medir la velocidad de las respuestas.

Cada uno anotaba aquello que aprendía durante el día en una bitácora que improvisamos en la pared sur del salón, creando así ideas que todos veían y por supuesto empleaban en su propio beneficio.

Es cierto que no todos los niños tienen la misma motivación, así que a quienes veía más reticentes, los invitaba a que presionaran las preguntas, leyeran las respuestas, poco a poco todos se integraron.

En 15 días el juego era la actividad más fascinante del día. Teníamos solo 10 días más antes del examen. Mientras mi estómago se encogía más pensado que a los niños les iba a causar tensión, ellos parecían disfrutar más de nuestro simulacro, incluso el tiempo dejo de ser molesto para ellos. Quizá estaba en el camino correcto, quizá saldríamos bien librados de todo el proceso.

Friday, April 5, 2013

16. La evaluación y sus errores

 Estaba revisando el calendario de exámenes que incluían evaluaciones estatales, nacionales a parte de los escolares y comenzó a dolerme el estómago, desde niño esa sensación de que no iba a poder repetir lo que otro quería que dijera siempre me había puesto muy mal. No he podido comprender porque el repetir lo que otro dice o responder con una letra me hacía mejor persona, pero ciertamente tenía un impacto en mi vida.

Cuando lograba sentarme junto a que había comprado el mejor examen, las cosas iban bien y cuando llegaba a casa, no había regaños. Cuando fallaba y obtenía menos de C, mi padre me recitaba una letanía que me aprendí de memoria y aún ahora puedo repetir sin pensar demasiado: “Tu abuelo llegó de muy lejos sin un centavo en el bolsillo y logró construir un imperio, el cual yo he cuidado con tanto esmero para que tú vengas y lo derrumbes, no es posible que no puedes ni siquiera elegir entre 4 letras correctamente, quiero que estudies para que hagas de la compañía algo aún mejor”.

Así, que no, los exámenes nunca fueron lo mío, y ahora debía pedirle a los niños que los respondieran.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas, pero se detuvo cuando recibí una notificación de Facebook, mi padre acababa de publicar la fotografía que le envié del listón obtenido en la Feria de Ciencia y agregaba un mensaje: “Mi hijo ahora inspira a otros para que aprendan”. Sin duda era la forma en que me demostraba que estaba orgulloso de mí…

En eso sonó mi teléfono y con desgano lo busqué en mi bolsillo, era Gaby ¿Cómo podía negarle algo a ella?. Su voz se oía entre mucho ruido, pero me dijo: David, estamos a punto de ir a tomar unos tragos, si aceptas acompañarnos, alguien va a pasar por ti, ¡por favor, di que si vas!.

 Lo dicho, no podía negarle nada a ella. Además pude imaginarla con sus zapatos en la mano, su vestido arrugado y cantando Karaoke, pues sin duda tenía mucha experiencia con tragos pues eran las 3 de la tarde, estaba seguro que para las 6, estaríamos todos vomitando las banquetas… ¿A quien le importaban los exámenes?, me cambié la camisa y esperé a que tocaran la puerta.

Mi mentor estaba frente a la puerta, cuando abrí, ella sonrió y me dijo que ella y su esposo serían quienes me llevarían a la reunión, estuve a punto de un infarto cuando vi el auto: ¡Un Prius!, mientras cerraba la puerta no pude evitar la pregunta: ¿acaso hay premios estatales por comprar Prius?

-No, me respondió su esposo, pero si ahorras mucho en gasolina y te permite pasar desapercibido, pues muchos creen que no tiene suficiente poder.

Yo conocía bien el poder del Prius, pero esta vez, se sentía distinto, la marcha era suave y no tuve que aferrarme al cinturón de seguridad, cuando llegamos a nuestro destino, no besé el suelo, estaba vivo y completo.

Cuando caminamos por la acera, pude ver a Gaby con su teléfono en el oído, cuando nos vio, nos saludo con la mano y comenzó a caminar hacía un lugar donde venden smoothies llamado Jamba Juice, supuse que comenzaríamos ahí la parranda para tener algo en el estómago antes de que el alcohol lo inundara.

Todos miramos por varios minutos el menú, excepto mi mentor, ella directamente pidió lo que quería. Cuando todos tuvimos nuestra bebida no pude evitar preguntarle que había elegido y porqué, pero solo me dijo: ¡pruébalo!. ¡Era lo más desabrido que había probado en la vida!.

Gaby comenzó la conversación: David, te hemos citado aquí porque en poco tiempo van a comenzar las evaluaciones estatales, eso significa que maestros y alumnos comienzan a perder el sueño y los índices de gastritis y problemas relacionados con el stress se agudizan. Es momento de preparar a los niños para que no sufran y sobrevivan al proceso.

Pero ¿Cómo podemos prepararlos?, ellos deben demostrar lo que saben, ¡lo que yo les he enseñado!.

-       Ese es el primer error, contestó mi mentor. En realidad no se evalúa lo que los niños saben, se evalúa la educación, no el aprendizaje. Se usa a los niños como excusa para medir el impacto de las escuelas y con ello los políticos puedan decir si están haciendo bien su trabajo o no. Los niños no importan en esta ecuación. Si ellos aprenden o no, nadie regresa y responde con calma el examen para que ellos comprendan porque respondieron de manera correcta o incorrecta y muchos menos, nadie se toman el tiempo de analizar el cómo el niño llegó a la respuesta que creyó que era correcta.

A ello Gaby añadió:
-       La evaluaciones son solo para crear números que indican si las escuelas merecen o no presupuesto, todo es un asunto de dinero. Pero en este momento en particular, cuando el estado está por cerrar más de 60 escuelas, la presión va a ser mayor.

Si, ya había oído sobre el cierre de escuelas,  no me había sentido amenazado hasta ahora. ¿Cómo puedo preparar a los niños?. Mi mentor comenzó a hablar:

-Has hecho un gran trabajo mostrándoles que querer es poder, pero hasta ahora,  has empleado técnicas constructivistas que usualmente chocan contra la pared al momento de las evaluaciones, pues los niños juegan en clase y aprenden, pero en el examen no hay posibilidad de interpretaciones, una computadora solo analiza si escribes A, B, o C.  No importan nombres o cuantas horas estudió. Así que desde ahora te ayudaremos a diseñar una estrategia para que los niños estén familiarizados con los exámenes, estudien juntos sin que sientan presión. Lo peor que podemos hacer es creer que ellos están solos en esto, los hemos puesto en un buen lugar para el aprendizaje, pero el sistema es el sistema, y ellos no sabrán enfrentarse a ello sin un poco de ayuda.

Sin duda alguna las evaluaciones eran más que la promesa de aprendizaje, había que trabajar sobre ellas.

Pasamos toda la tarde platicando, riendo y pensando ideas. No, no bebimos una sola gota de alcohol, solo comimos empanadas de fruta y rellenamos los vasos con más smoothies, en mi segunda ronda pedí la bebida desabrida y pensé que quizá menos azúcar me haría más creativo… ¿tal vez?, porqué no pude dejar de abrir los ojos antes todas las ideas que fluían en el ambiente. Estábamos planeando una estrategia que yo hubiera deseado conocer cuando fui estudiante y lo mejor de todo es que era divertido.

Friday, March 29, 2013

15 La feria de ciencia



Con el otoño llegaron las lluvias y cada tarde después de clase pasaba a leer o discutir sobre educación y ciencia en casa de mi mentor, aprendí a usar las fotografías como excusa para enseñar cosas, además usé más eficientemente Google para buscar información y comencé a participar en foros de discusión sobre educación y ciencia en twitter y Facebook, y en dos ocasiones acompañé a Gaby a conferencias en las que me parecía natural abordar el tema de la ciencia en la educación.

Al mismo tiempo las autoridades del Condado comenzaron a cerrar escuela y se levantó un movimiento de maestros. Las escuelas se iban sumando poco a poco, se amenaza con una huelga si el gobierno no busca la manera de que los recursos se distribuyan de manera eficiente entre las escuelas, pero si esto no es posible, poco a poco se irán eligiendo las mejores y se cerrarán las que no logren ciertos objetivos. Me preocupaba un poco el asunto, pero por el momento tenía que centrarme en los niños y sus proyectos.

Cada equipo mostraba avances considerables, sus semillas comenzaron a cambiar y se asomaban, la mayoría estaban brotando a un ritmo acelerado y a las que no, les dimos más tiempo. Teníamos suficientes datos, registros fotográficos, mediciones, relatos. Los escritores comenzaron a preparar los reportes y aprendimos a elaborar un cartel de comunicación científica. 

Les enseñé a usar aplicaciones a las que ellos tenían acceso y comenzaron a hacer entrevistas a expertos en botánica. Cada mañana discutíamos alguna noticia sobre agricultura y comenzamos a seguir los reportes climáticos, pues nuestras plantas no podrían sobrevivir a las bajas temperaturas. Algunas de ellas tendrían que sobrevivir dentro y con un poco de suerte, estarían listas para la primavera.

Discutíamos opciones sobre las presentaciones y después de un debate decidimos que todos participarían en la feria de ciencia pero que tomarían turnos para explicar a los visitantes las plantas. Cada uno conocía no solo el tipo de planta y su clasificación botánica, sabían los procesos biológicos que ocurrían dentro de ellas, desde la fotosíntesis hasta los procesos genéticos. ¡Estaban aprendiendo!.

Un día antes discutimos todos e imaginamos las posibles preguntas que les pudieran hacer, ¡nos estábamos divirtiendo!, no había tensión, no era como un examen del cual debíamos responder a todo y al final solo obtendríamos un número; estábamos dispuestos a compartir lo que sabíamos.

No fue extraño que se nos otorgara el espacio más alejado de la escuela para presentar nuestros carteles, supuse que los niños se sentirían señalados pero pareció no importarles, Gaby y nuestro mentor nos ayudaron a acomodar todo y ambas abrazaban a los niños. ¡Éramos un equipo de trabajo y lleno de ideas!.

Los primeros en acercarse fueron los papás de Stephen, ambos inmigrantes suecos y se sintieron maravillados de las explicaciones, creo que los niños les contagiaron un poco de su pasión por las plantas, porque no podían dejar de leer y preguntar, luego los papás de Mita, y los de José y la mamá y abuela de Tisha, poco a poco comenzamos a captar la atención.

Algunos niños preguntaron si era correcto ir a mirar los otros proyectos, y nuestro mentor les respondió que sí, que era un momento para aprender de todos, que miraran, preguntaran y aprendieran, después de un rato volvían y nos platicaban que habían visto. 

Yo no me sentía seguro de ir a ver, pero cuando le comenté mi duda a Gaby ella me dijo:
-Del mismo modo que tú debes estar muy orgulloso de tus niños, los demás maestros saben que hicieron su mejor esfuerzo, ¡vamos, yo también quiero ver!, además debemos invitar a que vengan a vernos, de otro modo, nadie sabrá que estamos aquí. Si nos hubieran dado el baño para presentar el trabajo, habríamos tenido más público.

Comenzamos a caminar y vimos experimentos de física principalmente, recordé mis años de estudiante, siempre me sentí nervioso de que mi maqueta se viera bien, que el volcán vomitara lava en el momento correcto o que la rata corriera lo suficientemente rápido para que lograra encender un foco de 10 watts. Esto no era diferente, las mismas caras de hastío, los mismos nervios si alguien preguntaba.

Comenzamos a invitar a que nos visitaran. Habíamos fijado que los niños comenzarían sus conferencias a las 9:30, para cuando Gaby y yo regresamos a escucharlos ya había público, por lo que los niños se presentaron, explicaron que su proyecto se llamaba “haciendo plantas” y dijeron que habían preparado 5 conferencias: La botánica como estudio de las plantas, Las regiones climáticas de los Estados Unidos, Cadena alimenticia y medio ambiente, Polinización de las plantas y su importancia en el medio ambiente, Principales enfermedades de las plantas. Todas ellas estaban relacionadas para explicar lo que habían hecho.

Explicaron con lujo de detalle y fotografías cómo fue que sus plantas fueron creciendo, que todas eran diferentes, explicaron porque crecieron a pesar de que comenzaron en diferentes medios. No eran explicaciones repetidas de libro, eran palabras que ellos comprendían y la audiencia podía seguir perfecto todas sus explicaciones, fue tal la pasión con la que hablaron que fue imposible dejar de escucharlos, siempre con ejemplos, una fotografía, un número, un dato.

Cuando concluyeron, casi brinco al ver que casi toda la escuela estaba presente, solo para escuchar a mis niños, pero lo mejor vino cuando los asistentes comenzaron a hacer preguntas: 

Si todas sus plantas crecieron, ¿entonces pueden hacer crecer cualquier planta?

Mitta tomó la palabra y con sencillez envidiable respondió: ¡No!, porque cómo podemos ver en el mapa climático de nuestro país, las plantas crecen dependiendo del clima pues es una variable que les permite adaptarse mejor. Además el profesor en botánica Steve Kolskov nos explicó que no debemos invadir el espacio de las plantas con especies nuevas pues éstas pueden matar a las especies nativas.

¿Pueden hacer crecer un frijol hasta el cielo? 

Preguntó un adolescente con tono de burla, pero José respondió de modo tal que no pudo continuar la broma: ¡No! Porque la altura de las plantas depende de las condiciones geográficas, ya que por ejemplo si miras la altura de los árboles en la costa oeste es distinta a la altura de la misma especie en Hawaii.

Una voz lejana preguntó ¿qué van a hacer con sus plantas?, las van a tirar ahora que la feria de ciencia concluya?

 Kathleen dijo con voz casi risueña: ¡Claro que no!, las vamos a mantener en un ambiente protegido hasta que estén lo suficientemente fuertes para soportar el clima exterior, luego las sembraremos afuera y cruzaremos los dedos para que los conejos no se las coman. 

Miles de preguntas de otros niños, de los adultos y al final diversas personas, incluyendo a varios expertos que los niños habían entrevistado se acercaron a felicitarlos, éramos los más visitados por el momento.  Los niños se acercaban a abrazarme y  sus familiares me daban las gracias, pero no pude tomar todo el crédito, así que les pedí a los niños que presentaran a todos quienes nos habían ayudado, incluyendo a nuestro mentor, finalmente ella nos había dado no solo su tiempo, sino las semillas que nos hicieron brillar.

Fue Trisha quien hizo los honores: El grupo de primer grado tiene mucho que agradecer, primero a nuestro maestro, luego a todos quienes aceptaron platicar con nosotros, por supuesto nuestra mentora que nos enseñó cómo hacer plantas.

La directora y los demás maestros estaban ahí y pensé que me juzgarían severamente pero en lugar de eso, la directora ofreció crear un espacio en la escuela para que los niños sembraran las plantas llegado el momento y que el grupo iniciara un proyecto en el cual enseñaran a otros niños a sembrar plantas y a cuidarlas. Cuando terminó su discurso los niños brincaban y sonreían tanto que pensé que tendrían un colapso. Todo había salido mejor de lo que imaginé.

A la hora de la premiación por el mejor proyecto, los niños se tomaron todos de las manos y se abrazaron alrededor de mí. Me agaché y les dije que si ganábamos algo, era solo el principio de algo mejor, pero si perdíamos, lo intentaríamos de nuevo y la siguiente vez lo haríamos mucho mejor.

El premio se otorgaba con votación directa del público y ¡nos favorecieron!, ganamos el listón azul que nos nombraba como el grupo con el mejor proyecto de ciencia de la escuela. Pedí a Gaby que le tomara una fotografía a nuestro preciado listón azul, la cual publiqué en Facebook y Twitter con una nota que decía: mis niños lograron lo que yo jamás conseguí: no solo entender ciencia, ¡sino hacerla divertida!, en educación todo es posible, cuando creemos en los alumnos.

Friday, March 22, 2013

14 La inteligencia infantil



¿Cómo van tus alumnos con sus proyectos de ciencia, David?, escuche la pregunta que me sacó de mis propios pensamientos mientras intentaba comprender como imprimir una hoja en la sala de maestros. Era Sonja, la maestra de quinto grado. Antes de que pudiera responderle continúo diciendo: uno de mis alumnos tiene un hermano en tu salón, dice que su hermano toma fotos de plantas y que hace observaciones todos los días, pero que cuando le pregunta el niño solo responde que están haciendo plantas.

Si, tienen un proyecto sobre el desarrollo de las plantas que les ha gustado mucho.

-Supongo que lo adecuaste a su nivel de inteligencia, pues no creo que sus padres pueden apoyarles mucho en las materias de ciencia ¿verdad?.

Me pareció racista y ofensiva la pregunta pero decidí preguntar a que se refería antes de acusarla por falta de respeto a las minorías.

-Bueno, tú sabes, no todos entienden de física. Mis alumnos explicarán sobre física.

Suena genial ¿Todos están haciendo el mismo experimento?

-¡Por supuesto!, ¿de qué otro modo se puede hacer?.

Recordé aquel primer encuentro: hay muchos mitos en la ciencia y se enseña que solo existe la física y la química pero además que solo hay una labor científica.

Cuando la impresora finalmente escupió la hoja deseada, me retiré diciendo que seguramente su experimento sería un éxito.

Mientras caminaba a mi salón le envié un mensaje a mi mentor y le pregunté si podría pasar a visitarla después de clase. Su respuesta tardó un rato pero aceptó verme.

Cuando me recibió me pidió solo un segundo, pues estaba fotografiando una ardilla. Cuando terminó, buscó un vaso y sirvió limonada que igual que la vez anterior no tenía azúcar, por lo que me pidió que yo la endulzara. Creo aún no le tenía suficiente confianza para preguntarle porque no agregaba azúcar a su limonada.

Le dije que no quería quitarle el tiempo pero que me había asaltado la idea de que los demás maestros no creían en las capacidades de los niños y que al parecer mis alumnos estaban etiquetados por debajo de la norma de inteligencia, y que quizá yo les estaba haciendo un daño al hacerles pensar que podía hacer las cosas como cualquier otro alumno.

Su rostro cambió su habitual sonrisa por tristeza, pensé que quizá no me había comprendido bien, pero después de un segundo me dio esta explicación:

-Querido David, no sé si sabes que yo no entiendo nada de educación, no comprendo por qué la educación no es capaz de centrarse en el aprendizaje de los alumnos, y menos aún en cómo fue que adoptó la idea de que existe algo como inteligencia y que a partir de ello es posible clasificar a los alumnos. Existen socialmente tres grupos que son los niños con talento o alta capacidad para hacer algo, luego vienen los niños que pueden hacer las cosas a un ritmo usual y finalmente los niños con necesidades educativas especiales. Cada grupo tiene sus características y sin duda sus propias formas de adecuarse al ambiente.

El problema viene cuando pensamos que la inteligencia determina lo que puedes o no hacer. Yo creo que se debería decir: yo hago de esta forma ¿y tú?, o ¿tú como lo harías?, yo pienso esto ¿tú qué opinas?, en mi opinión eso nos haría a todos menos temerosos de aprender pensar que todos hacemos las cosas de una sola forma es una de las muchas paradojas sociales de las cuales un día podremos discutir.

La escuela dice: Así deben hacerse las cosas y se hace lo que yo te digo, del modo que yo te digo y si yo te digo, pero admiramos a quienes son diferentes, hace 10 años el Iphone fue una cosa revolucionaria, ahora se habla de innovación y tecnología pero no se permite desde el seno escolar. La creatividad es aniquilada, pero peor aún, reproducen mitos que se convierten en verdades falsas.

Un ejemplo es que la ciencia es solo para mentes privilegiadas o que en ciencia existen leyes, cuando que la verdad es que la ciencia cambia, evoluciona, igual que nuestro cerebro, lo que sabes hoy, no lo sabías hace 10 años. Si no puedes hacer algo hoy, quizá lo logres en 1 mes o un año.

Si preguntas a los niños y a los maestros están temerosos de cometer un error, es por eso que no pueden centrarse en aprender, por eso no preguntan aunque tienen dudas, “no vayan a pensar que soy tonto” o que “no pienso como tú”. ¡Eso nos consume!.

Yo no sé manejar un auto pero no dudo que un día al menos voy a mover el volante.

Mi pregunta te va a hacer enojar, pero no quiero que siga atormentándome: los niños de grupos minoritarios ¿pueden aprender de igual forma que otros niños?.

Sus ojos brillaron y me miró de un modo que sabía que su respuesta cambiaría mi vida.

-David, si me preguntas desde el punto de vista de la educación, la respuesta es NO, porque ellos no se ajustan culturalmente a los programas educativos, pues van en contra de la comprensión del idioma de la oportunidad de herramientas ambientales pues sus padres trabajan 12 o 14 horas al día, no tienen tiempo de ayudarles en sus tareas y aunque lo hagan, no pueden resolver dificultades relacionadas con temas que ellos no conocen.

Desde el punto de vista de la neurociencia, TODOS los niños pueden aprender pues el aprendizaje es un proceso necesario para la conservación de la especie y este principio está relacionado con la capacidad de adaptarse al medio ambiente. Evolutivamente hemos sobrevivido por esta capacidad de adaptarnos al ambiente y en el caso de los seres humanos la capacidad de adaptar el ambiente, pero este principio es compartido hasta por las proteínas, las cuales te dan a entender que no se necesita un cerebro para adaptarse. El principio es simple, o te adaptas o te vas. Esto se aplica en los ambientes laborales y hasta en la tecnología, la cual evoluciona a pasos agigantados.

Creo que me gusta ver al cerebro como un prototipo natural capaz de adquirir aplicaciones cada que las requiere, borra las que no necesita, desarrolla, inventa, crea.

Así que lo que te puedo decir es que tus niños tienen TODO para aprender, pero el ingrediente principal en todo aprendizaje es que crean en ellos.

Ayer no escuché ninguna pregunta tonta y su capacidad de saber es emocionante. No tengo más consejo que darte excepto que te des la oportunidad de maravillarte de sus capacidades, sin esperar que hagan esto o aquello, pues si cierras los ojos, nunca serás capaz de escuchar la música, ya que estarás temeroso a caerte o lastimarte.

Los niños creen en ti, sus padres confían y miro en sus ojos las ganas de saber. Por tu pregunta creo que te hace falta confiar en ti mismo.

Me di cuenta que la escuela nos cierra los ojos, estaba frente a un principio distinto. Cuando estaba listo para ir a casa le pedí que un día me explicara su idea de educación.

-¡Con todo gusto!, prometo que tendremos esa charla. Pero por el momento, toma, te junté algunas revistas sobre pedagogía de la ciencia y algunas otras. No tienes que cargarlas todas, puedes dejarlas aquí y venir por ellas cuando gustes, pues ahora sé que tomas este camino para ir a casa.

¡Sentí como si me dieran un Lamborghini!, le prometí pasar a molestarla después de clase, y mientras tomé mi mochila le pregunté porque su perro no me ladraba si no sabe quién está  a su lado.

-Simple, ella no ve, ni escucha pero puede olerte, sabe quién eres de la misma forma en que tú puedes reconocerla, solo que emplean distinto mecanismos. Eso es un ejemplo de adaptación.

Corrí hasta casa y cuando llegué no solo me sentí contento por mi esfuerzo físico, por primera vez fui capaz de cerrar mis ojos y escuchar la música y ¡voy a buscar las forma de compartirlo con todos!.

Friday, March 15, 2013

13 Plantando semillas

No podía dormir después de mi conversación sobre la ciencia, pensaba en cómo los niños tomarían la tarea, en qué pensarían de visitar un jardín, ¿les parecería bien a los padres?, ¿cuál sería la actitud de la directora?, había salido bien librado con la noche de arte pero esto me parecía más académico. 

Me levante y redacté una nota a los padres para pedirles que permitieran ir a los niños después de clase el viernes y si algunos de ellos los podrían acompañar, anote la dirección, imprimí el comunicado y puse todas las hojas sobre mi maleta. Tal vez eso me tranquilizó porque dormí hasta que la alarma retumbó en mi oído.
 
Camino a la escuela, reconocí la casa, estaba seguro que la había visto antes, y que había visto antes a esta mujer caminando con dos perros por la mañana. Uno de los perros caminaba lento y el otro avanzaba a grandes pasos, por lo que ella quedaba en medio de los dos. 

Mientras estaba ocupado con mis pensamientos, escuché una voz que decía: ¡Buenos días maestro!, cuando dirigí la mirada vi a la pequeña Jackie caminando hacia mí. 

Caminamos juntos hasta la escuela y vi a varios padres de familia por lo que comencé a repartir la información y les pedí que me ayudaran para darla a conocer. Todos fueron muy amables y cuando vieron la dirección, niños y padres dijeron que conocían bien el lugar. 

Parecía que todo sería sencillo de lograr en ese punto.

Cuando entré al salón, comencé a hablarles a los niños sobre mi encuentro con las plantas y les comenté el reto, lo primero que íbamos a hacer es hablar con quién nos apoyaría en todo el proceso de hacer plantas, luego haríamos equipos y algunos plantarían las semillas y entonces algunos medirían el crecimiento y harían notas diarias, como en un diario, otros tomarían fotos, algunos harían los escritos y otros expondrían la información durante la feria de ciencia.

 Les dije que seríamos como abejas, las cuales cada uno tiene un trabajo específico para asegurar que todas siguieran sobre la faz de la tierra. Hice dibujos en el pizarrón y en un momento miré las caras de los niños que estaban sonriendo y escuchando todo lo que decía con tal atención que creo que podía escuchar la respiración de cada uno.

Cuando terminé les pedí que hicieran preguntas y si sus preguntas hubieran sido gotas de lluvia, habría podido documentar un diluvio: ¿Puedo sembrar palomitas de maíz?, ¿puedo sembrar jitomates?, ¿puedo regar las plantas con leche?... ¡dice mi mamá que la leche me hace crecer!, ¿puedo tomar fotografías de las semillas?, pero ¿cómo las voy a ver cuando estén bajo la tierra?, ¿puedo… puedo… puedo…?. En 10 minutos conté 56 diferentes preguntas, las cuales iba anotando discretamente.

El viernes al concluir el descanso les pregunté quienes podrán ir después de clase a nuestro jardín especial y todos levantaron la mano. Algunos dijeron que su mamá no podía llevarlos pero ya ellas se habían organizado.

Cuando salimos de la escuela nos dirigimos todos hacia nuestra cita, los niños rodearon una de las plantas y recibieron una divertida y sencilla explicación sobre la labor de las abejas y la polinización y el papel de las mariposas en el crecimiento de las plantas, y aprendieron que hay diferentes tipos de plantas, lo curioso es que no eran las explicaciones clásicas de los libros, eran respuestas a las preguntas de los niños que parecía que nunca terminarían. 

Algunas se dirigían a las plantas, otras a las abejas y regresaban a las plantas y finalmente una se centró en uno de los perros, los cuales eran peculiarmente tranquilos y parecía que disfrutaban de los niños: ¿por qué su perro solo tiene una oreja negra?, y la respuesta fue: ¿cuál es tu teoría?. 

Conté 12 explicaciones diferentes desde: ustedes le pintan la oreja para diferenciarla, hasta a su mamá no le alcanzó la pintura para que fuera completamente blanca, pero la respuesta de  Tisha, que es una niña afroamericana casi me hizo llorar pues dijo que Dios había tomado por ahí a la perrita para pintarla y como Dios era de color, su oreja aún tenía las huellas de Dios…

Cuando preguntaron si podían acariciar  a ese perro que todo el tiempo había estado en brazos de nuestra conferencista, ella les dijo que era sordo ciega y que debían ser muy suaves al acariciarla. ¿Cómo diablos no me di cuenta de eso?, la toqué el día que estuve aquí, cuando salimos le pusieron el arnés y solo la cargo para bajar las escaleras… ¿cuándo perdí mi capacidad de observación?.

Al final, les explicó que ella había encontrado que las semillas secas funcionan mejor, así que de sus frasquitos les dio semillas a los niños y les pidió a cada uno que recordaran que eran. Las madres solo observaron todo, no preguntaron, pero sin duda disfrutaron todo el tiempo de las preguntas de sus hijos.

Cuando los niños y se marcharon me invitó a su oficina y le dije que sentía mucho que su perro fuera sordo, pero me dijo que antes que sordo ciega Bubu era una criatura inteligente y que ella se adaptaba al ambiente de la misma forma que cualquier otro perro, que no había razón para tenerle lástima.

Comencé dando mi reporte sobre el número de preguntas de los niños: conté 56 preguntas en el salón y contigo 72, tomando en cuenta que se hicieron en un lapso de 70 minutos nos da un promedio de 1.82 preguntas por minuto y si lo dividimos entre 20 niños entonces tenemos un total de 6.4 preguntas por niño…
  -El siguiente paso sería analizar las preguntas y dividirlas en  preguntas que han podido escuchar de otras charlas, preguntas que han desarrollado durante las explicaciones y preguntas sin sentido o solo por preguntar. Con ello, estarías haciendo una investigación cognitiva. Pero no te preocupes, para ello necesitas grabas a los niños para hacer un análisis posterior de las sesiones.


 ¿En serio?, ¿no necesito tener un post doctorado para hacer investigación?.
                     
            -¡No!, solo necesitas una pregunta o la necesidad de resolver un problema. ¡Más simple que Facebook!.
   
 El fin de semana busqué más información e hice un plan de acción que me sorprendió pues todo era perfectamente claro.  ¡No más miedo!, me di el lujo de salir a correr por la tarde, me sentía relajado.

El lunes, los niños me dijeron que ya habían sembrado las semillas que les habían dado y otros dijeron que pondrían a secar más semillas. Decidieron trabajar  bajo dos ambientes, algunos emplearían  tierra y otros un algodón con agua, compararían el crecimiento y como ya estaban formados  los equipos cada uno sabía perfectamente su labor.

 Algunos me dijeron que habían ido el fin de semana al Jardín Botánico de la Ciudad, y recibí notas de los padres agradeciendo que estuviera haciendo algo por sus hijos. El papá de José me escribió una nota diciendo que su hijo es nieto de campesinos en un pueblo de México y que les haría muy feliz que su hijo aprendiera el amor por la tierra y las plantas.

Estuvimos leyendo de Google artículos sobre las plantas que complementaban perfecto lo que decía su libro, y apreciaron mucho las fotografías que nuestro guía me había dado para exponer el tema.

Aún había mucho que hacer pero, creo que estábamos por buen camino. Además esto nos permitiría usar los números, por supuesto la lectura y la escritura y las habilidades gráficas y de expresión. Desarrollarían la capacidad de observación, estarían analizando y resolviendo problemas, comparando resultados, haciendo investigación, pero sobre todo, los niños estaban en contacto directo con la ciencia… ¡y sin dolor alguno!. Quizá aprenderían a amarla más de lo que yo nunca aprendí en todos mis años de escuela.