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Friday, July 19, 2013

22. Cosechando frutos

Los días vuelan mientras se hacen planeaciones y se buscan formas de compartir ideas con los niños. Descubrí que me hice experto en encontrar la canción, el cuento o la escena perfecta al momento de preparar las clases. Con una sonrisa franca debo admitir que pude notar como me estaba convirtiendo en una persona diferente, deje de pensar en cómo yo entendía o veía el mundo y comencé a anteponer a los niños.

Años y años de libros de educación los puedo resumir en la magia de las preguntas infantiles y la importancia del apoyo de los padres. Solía creer que el dinero era lo único importante para la educación, pero aún la gente más pobre quiere que sus hijos sean mejores, que tengan un lugar importante en la vida, y confían en la escuela como el camino para alcanzar todos sus sueños.

Creo que de algún modo comencé a sentirme parte de ese grupo de mentes pensantes que creen que todos los niños pueden aprender, con la estrategia correcta y el apoyo de los padres.

Sin embargo, la directora aún me daba miradas de confusión y enfado cuando me preguntaba sobre mi planeación o pedía ideas para eventos escolares. Aún no entiendo si le molesta mi pasión o si estar en contra de la educación tradicional es demasiado para ella. Finalmente estar de acuerdo con el sistema le permite a cualquiera tener un poco de pan sobre la mesa todos los días.

Cuando llegó el momento de crear el espacio verde para plantar el producto de los proyectos de ciencia, la directora casi se come su celular cuando le dije que los niños debían ser parte de toda la planeación. Finalmente era su trabajo, esfuerzo y cuidado lo que tenía vivas todas las plantas…

-¿Cómo puedes pensar que los niños puedan participar en un proyecto escolar?, me preguntó con una mirada que si no me agacho fingiendo que había tirado algo al piso,  me habría acribillado.

Bueno, le respondí, ellos han cuidado de las plantas, son la razón de esta escuela y muchos de ellos vienen de países donde el cuidado de las plantas y las flores no es una tema de arte, es una constante en su espacio de vida… tres buenas razones que no pudo hacer a un lado, al menos no frente a toda la junta académica.

Llamé a los niños, les mostré el mapa y les expliqué el proyecto, les pedí que cocinaran sus ideas durante 6 minutos y que terminado el tiempo podrían compartir lo que habían pensado. Los niños miraron el plano y comenzaron a sonreír, con esa mirada de emoción que solo se consigue cuando tienen algo grande entre manos.

El resto de los maestros comenzó a cuchichear, supongo que la idea de invitar a los niños a la reunión les causó tanta urticaria como a la directora y pensaron que habría gritos y desorden, pero los niños y yo ensayamos tanto el quedarnos quietos durante los exámenes y aprendimos que el silencio no es miedo a hablar sino respeto ante las ideas de los demás, así que los niños podían comportarse como los mejores cuando la situación lo ameritaba, sin necesidad de gritos.

Cuando mi reloj comenzó a sonar indicando que habían pasado los seis minutos, uno a uno comenzaron a hablar, explicaron el tipo de tierra que hacía falta y luego planearon donde debía ponerse a cada planta.

-Los jitomates necesitan mucho sol y agua, así que el mejor lugar es este… las calabazas requieren de un espacio amplio pues son rastreras… las rosas sobreviven a todo por lo que ellas pueden ponerse aquí, ¡pero no, espera!, si las pones ahí cuando crezcan nos pueden rasguñar si pasamos corriendo, así que creo  este lugar sería mejor para ellas… las papas necesitan sombra... las flores para las abejas deben quedar aquí, para que no las molestemos… esta planta atrae orugas, así que no debe tocarse con esta… esta planta crece 10 pulgadas por mes, tenemos que pensar en que quede cerca de una pared para que podamos tener poleas que la sostengan… en este espacio podemos sembrar girasoles...

Todos escuchamos y nos dimos cuenta que había aprendido no solo de plantas y las necesidades de las mismas, habían aprendido también habilidades de expresión, planeación, resolución de problemas… ¿en qué libro habían aprendido eso?, ¿tal vez en alguna aplicación o hablando con Siri desde su Iphone?, ¡todos estábamos perplejos!.

Esa tarde comprendí que los niños son más que palabras en los libros, son seres moldeables  a partir del ambiente, y esa es la labor de la escuela, dar un buen ambiente para aprender, no el sistema militar con que muchos crecimos rogando por sobrevivir.

Si vamos a dejar en manos de los niños nuestro futuro, es mejor que les demos las mejores herramientas, !y sin duda alguna, nos sorprenderán!.

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