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Friday, May 3, 2013

18. Cállate y concéntrate: evaluando el conocimiento

Todos los días nos divertíamos tanto que no fue difícil que los niños aprendieran a responder las preguntas, incluso las que tenían más complejidad, y cuando dudaban deducían las respuestas en base a lo que sabían que era incorrecto, era mucha diversión, hasta que nuestro mentor nos recordó que las evaluaciones se aplican en salones cerrados y en silencio, donde hasta la propia respiración puede causar molestia, así que con tiempo justo comencé a enseñar a los niños a actuar como autómatas y aún así estar listos para el examen. ¿Porqué la educación olvida que los niños son entes felices?.

Comenzamos con 2 minutos de absoluto silencio para responder preguntas, para todos fue como una eternidad, y creo que no me había dado cuenta de que nuestro salón era considerado como bullicioso hasta que la directora entró de repente, abriendo la puerta como si hubiera un incendio. Todos la miramos y cuando me llamó pensé que se le había caído el celular en el retrete.


-¿Qué pasa David?, sus alumnos nunca son tan callados ¿qué está planeando?.


 La pregunta fue tan directa que me atrapó por sorpresa, pude oírme balbuceando un intento de respuesta.


 Nada, señora directora, estamos aprendiendo a concentrarnos  para  los exámenes.


   -Miró hacía adentro como si ocultara un cadáver tras la puerta y luego se retiró. Me sentí como cuando copiaba durante los exámenes y el maestro miraba hacía mi.


El tiempo de concentración se extendía más y más cada día. Teníamos un letrero en la puerta que decía: Peligro: ¡niños pensando!. Theresa me dijo que ya había aprendido a controlar su respiración conforme movía el lápiz, esto era como una tortura, pero lo estábamos tomando de buen modo.



El examen no dista mucho del momento en que un condenado a muerte conoce su sentencia, uno ha de ajustar cuentas con el sistema educativo. No se duerme durante semanas antes, todos alrededor están nerviosos, hay horas extra de estudio, comienza el stress, algunos sufren pesadillas. Yo recuerdo una que tuve frecuentemente en la cual en medio del examen mis ojos se cubrían de papeles y todos en el salón se reían estruendosamente de mí y yo no podía ver, ni quitar las hojas de mi cara, solo escuchaba el reloj corriendo inevitablemente. Siempre despertaba cubierto de sudor y horriblemente, siempre me ocurría el día del examen, lo que me ponía aún más nervioso.


Ningún niño, o estudiante alrededor del mundo merece esa tortura. Si se supone que los exámenes son para mejorar la manera en que se aprende, ¿por qué las cosas no han cambiado con el paso de las generaciones?


Oh de hecho, ¡me retracto,  si han cambiado!, ahora todo es peor, y se tienen más exámenes y más educadores se llevan una tajada más grande de este negocio al que nada le importa los niños.


El día del examen la medidas de seguridad fueron tan extremas que pensé que pasarían a los niños por algún tomógrafo para asegurarse que no tuvieran una idea brillante, una de esas que pudiera cambiar el orden mundial. Nos cambiaron de salón, a los maestros nos sortearon y ni siquiera podíamos estar con nuestros niños,  porque podríamos darles las respuestas (cómo si sirvieran para que los niños verdaderamente aprendieran más), les dieron lápices especiales, para evitar que tuvieran las respuestas tatuadas en sus lápices o quizá en la punta. Les revisaron los bolsillos y el cabello, ya que pudiera ser que el condenado a muerte escondiera un clip y lograra escapar del patíbulo.


Nadie podía hablar, y el silencio era tan perturbador para los chicos de octavo grado que sentí pena por ellos. Supuse que ellos estaban más acostumbrados pero supongo que todos parten de la idea que se han de adaptar y por primera vez en mi vida recé una pequeña plegaria por mis niños. No me importaba si aprobaban o no, a nadie le importa eso, solo quería que no sintieran miedo. Habíamos practicado mucho, seguro estarían bien.


El día fue tan intenso que creo que los pensamientos volaban por todo el salón y bombardeaban todo cuando encontraban a su paso, comencé a sentir jaqueca y aunque estaba en esta ocasión del otro lado y no era yo el acusado, no podía dejar de sentir vergüenza por toda esta  manera de aniquilar las ideas, la creatividad y la infancia de los seres humanos a nombre de un mejor futuro que no existe. ¿En que me hizo mejor responder A, B o C? Cuando los niños me preguntan algo debo ser capaz de explicarles no de elegir entre respuestas que alguien piensa que son correctas.


Cuando uno camina por la vida no va uno pensando en opción múltiple, ¿quiere un café? A caliente, B frio C con tres tartas de fresa D todo lo anterior E ¿qué te pasa?, ¿no has oído hablar del hambre en el mundo?


Cuando salimos libres de la celda, solo pensaba en tomar un trago de limonada desabrida con mi Gaby en casa de mi mentor, ellas me esperaban con ansia, pero en eso mis niños corrieron hacia mi,  estaba tan embotado que no me fue fácil darme cuenta que eran reales y no fantasmas, hasta que todos me abrazaron y de no ser por un poste me habrían tacleado.


Los abracé a todos y les pregunté como había estado todo, desesperadamente busque lesiones en sus mentes, pero sus sonrisas me hicieron sentir mejor, todos hablaban en orden como siempre y Dana resumió el pensamiento de todos: maestro, ¡no nos costó trabajo concentrarnos, fuimos como zombies en Halloweeen y respondimos todo!.


Todos se veían contentos, como siempre, quizá debía confiar en esa fortaleza infantil para salir avante de todo, hasta que un día la cuerda se rompe y nos convertimos en adultos infelices.


Solo faltaba esperar los resultados de los exámenes, para saber si nuestra escuela seguiría abierta o los padres enfrentarían la noticia de que sus hijos no tendrían una escuela el siguiente ciclo escolar.


Odio decir lo obvio, pero la educación apesta a veces, aprender es la parte sencilla, y ¡hasta puede ser divertido!


2 comments:

Karla Medina said...

Interesante relato...es una lastima que los exámenes sigan siendo la forma más frecuente para evaluar, mejor dicho de CALIFICAR ¿qué hay de la puesta en practica de los conocimientos en situaciones cotidianas? Un simple número solo refleja lo que podemos recordar en ese momento, y hasta eso, resulta subjetivo ya que hay varios factores que influyen en ese proceso de recuerdo.

Alma Dzib Goodin said...

Gracias Karla por tomarte un minuto para compartir.

Efectivamente, David ha ido comentando la experiencia de ser maestro desde la perspectiva de un maestro sin vocacion aparente que se va enamorando del aprendzaje, asi que facilmente puede mirar ambos lados de la barrera.

Gracias por leerlo y ojala te contagien ss historias:)