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Friday, March 15, 2013

13 Plantando semillas

No podía dormir después de mi conversación sobre la ciencia, pensaba en cómo los niños tomarían la tarea, en qué pensarían de visitar un jardín, ¿les parecería bien a los padres?, ¿cuál sería la actitud de la directora?, había salido bien librado con la noche de arte pero esto me parecía más académico. 

Me levante y redacté una nota a los padres para pedirles que permitieran ir a los niños después de clase el viernes y si algunos de ellos los podrían acompañar, anote la dirección, imprimí el comunicado y puse todas las hojas sobre mi maleta. Tal vez eso me tranquilizó porque dormí hasta que la alarma retumbó en mi oído.
 
Camino a la escuela, reconocí la casa, estaba seguro que la había visto antes, y que había visto antes a esta mujer caminando con dos perros por la mañana. Uno de los perros caminaba lento y el otro avanzaba a grandes pasos, por lo que ella quedaba en medio de los dos. 

Mientras estaba ocupado con mis pensamientos, escuché una voz que decía: ¡Buenos días maestro!, cuando dirigí la mirada vi a la pequeña Jackie caminando hacia mí. 

Caminamos juntos hasta la escuela y vi a varios padres de familia por lo que comencé a repartir la información y les pedí que me ayudaran para darla a conocer. Todos fueron muy amables y cuando vieron la dirección, niños y padres dijeron que conocían bien el lugar. 

Parecía que todo sería sencillo de lograr en ese punto.

Cuando entré al salón, comencé a hablarles a los niños sobre mi encuentro con las plantas y les comenté el reto, lo primero que íbamos a hacer es hablar con quién nos apoyaría en todo el proceso de hacer plantas, luego haríamos equipos y algunos plantarían las semillas y entonces algunos medirían el crecimiento y harían notas diarias, como en un diario, otros tomarían fotos, algunos harían los escritos y otros expondrían la información durante la feria de ciencia.

 Les dije que seríamos como abejas, las cuales cada uno tiene un trabajo específico para asegurar que todas siguieran sobre la faz de la tierra. Hice dibujos en el pizarrón y en un momento miré las caras de los niños que estaban sonriendo y escuchando todo lo que decía con tal atención que creo que podía escuchar la respiración de cada uno.

Cuando terminé les pedí que hicieran preguntas y si sus preguntas hubieran sido gotas de lluvia, habría podido documentar un diluvio: ¿Puedo sembrar palomitas de maíz?, ¿puedo sembrar jitomates?, ¿puedo regar las plantas con leche?... ¡dice mi mamá que la leche me hace crecer!, ¿puedo tomar fotografías de las semillas?, pero ¿cómo las voy a ver cuando estén bajo la tierra?, ¿puedo… puedo… puedo…?. En 10 minutos conté 56 diferentes preguntas, las cuales iba anotando discretamente.

El viernes al concluir el descanso les pregunté quienes podrán ir después de clase a nuestro jardín especial y todos levantaron la mano. Algunos dijeron que su mamá no podía llevarlos pero ya ellas se habían organizado.

Cuando salimos de la escuela nos dirigimos todos hacia nuestra cita, los niños rodearon una de las plantas y recibieron una divertida y sencilla explicación sobre la labor de las abejas y la polinización y el papel de las mariposas en el crecimiento de las plantas, y aprendieron que hay diferentes tipos de plantas, lo curioso es que no eran las explicaciones clásicas de los libros, eran respuestas a las preguntas de los niños que parecía que nunca terminarían. 

Algunas se dirigían a las plantas, otras a las abejas y regresaban a las plantas y finalmente una se centró en uno de los perros, los cuales eran peculiarmente tranquilos y parecía que disfrutaban de los niños: ¿por qué su perro solo tiene una oreja negra?, y la respuesta fue: ¿cuál es tu teoría?. 

Conté 12 explicaciones diferentes desde: ustedes le pintan la oreja para diferenciarla, hasta a su mamá no le alcanzó la pintura para que fuera completamente blanca, pero la respuesta de  Tisha, que es una niña afroamericana casi me hizo llorar pues dijo que Dios había tomado por ahí a la perrita para pintarla y como Dios era de color, su oreja aún tenía las huellas de Dios…

Cuando preguntaron si podían acariciar  a ese perro que todo el tiempo había estado en brazos de nuestra conferencista, ella les dijo que era sordo ciega y que debían ser muy suaves al acariciarla. ¿Cómo diablos no me di cuenta de eso?, la toqué el día que estuve aquí, cuando salimos le pusieron el arnés y solo la cargo para bajar las escaleras… ¿cuándo perdí mi capacidad de observación?.

Al final, les explicó que ella había encontrado que las semillas secas funcionan mejor, así que de sus frasquitos les dio semillas a los niños y les pidió a cada uno que recordaran que eran. Las madres solo observaron todo, no preguntaron, pero sin duda disfrutaron todo el tiempo de las preguntas de sus hijos.

Cuando los niños y se marcharon me invitó a su oficina y le dije que sentía mucho que su perro fuera sordo, pero me dijo que antes que sordo ciega Bubu era una criatura inteligente y que ella se adaptaba al ambiente de la misma forma que cualquier otro perro, que no había razón para tenerle lástima.

Comencé dando mi reporte sobre el número de preguntas de los niños: conté 56 preguntas en el salón y contigo 72, tomando en cuenta que se hicieron en un lapso de 70 minutos nos da un promedio de 1.82 preguntas por minuto y si lo dividimos entre 20 niños entonces tenemos un total de 6.4 preguntas por niño…
  -El siguiente paso sería analizar las preguntas y dividirlas en  preguntas que han podido escuchar de otras charlas, preguntas que han desarrollado durante las explicaciones y preguntas sin sentido o solo por preguntar. Con ello, estarías haciendo una investigación cognitiva. Pero no te preocupes, para ello necesitas grabas a los niños para hacer un análisis posterior de las sesiones.


 ¿En serio?, ¿no necesito tener un post doctorado para hacer investigación?.
                     
            -¡No!, solo necesitas una pregunta o la necesidad de resolver un problema. ¡Más simple que Facebook!.
   
 El fin de semana busqué más información e hice un plan de acción que me sorprendió pues todo era perfectamente claro.  ¡No más miedo!, me di el lujo de salir a correr por la tarde, me sentía relajado.

El lunes, los niños me dijeron que ya habían sembrado las semillas que les habían dado y otros dijeron que pondrían a secar más semillas. Decidieron trabajar  bajo dos ambientes, algunos emplearían  tierra y otros un algodón con agua, compararían el crecimiento y como ya estaban formados  los equipos cada uno sabía perfectamente su labor.

 Algunos me dijeron que habían ido el fin de semana al Jardín Botánico de la Ciudad, y recibí notas de los padres agradeciendo que estuviera haciendo algo por sus hijos. El papá de José me escribió una nota diciendo que su hijo es nieto de campesinos en un pueblo de México y que les haría muy feliz que su hijo aprendiera el amor por la tierra y las plantas.

Estuvimos leyendo de Google artículos sobre las plantas que complementaban perfecto lo que decía su libro, y apreciaron mucho las fotografías que nuestro guía me había dado para exponer el tema.

Aún había mucho que hacer pero, creo que estábamos por buen camino. Además esto nos permitiría usar los números, por supuesto la lectura y la escritura y las habilidades gráficas y de expresión. Desarrollarían la capacidad de observación, estarían analizando y resolviendo problemas, comparando resultados, haciendo investigación, pero sobre todo, los niños estaban en contacto directo con la ciencia… ¡y sin dolor alguno!. Quizá aprenderían a amarla más de lo que yo nunca aprendí en todos mis años de escuela.

Friday, March 8, 2013

12 Aprendiendo de la ciencia


Cuando volví a casa, sano y salvo afortunadamente después de otro viaje en el Super Prius de Gaby, le envié un mensaje a quien tantos consejos me había brindado y mi pregunta sin más preámbulo fue: ¿cómo le puedo enseñar ciencia a los niños?


Su respuesta hizo que casi me cayera de la silla a pesar de que estaba sentado sobre la cama: 


-Querido David, yo creo que tu pregunta es un poco más compleja, pues creo que a esta edad a los niños no se les debería enseñar ciencia, sino como amar la ciencia.



En el siguiente mensaje le pedí su teléfono porque por un momento tuve esa sensación de que esta charla me llevaría varias horas… cuando me respondió,  le pedí que me explicara eso con bolitas y palitos.


- David, debes mirar a los niños no como un cubo vacío al que les vas a depositar conocimientos, como quien vierte agua a una planta y esta florece gracias al agua y la tierra que pones sobre ella, pues eventualmente la planta deja de crecer. Los niños son científicos por naturaleza, ellos cuentan con un proceso que en algún momento de nuestra vida escolar perdemos y es la imperiosa necesidad de preguntar.

Los niños preguntan de manera inocente porque quieren saber, un adulto pregunta para saber si tú sabes. Para darte un ejemplo de esto, hace un rato, mientras te daba la explicación, no preguntaste mucho. Quizá estabas pensando que tus preguntas podrían parecerme tontas,  pero espero que mañana con los niños cambies de forma de pensar ya que  tu labor será observar la actitud de los niños y contar el número de preguntas que harán, y al mismo tiempo observarás a los adultos que les acompañen y después comentamos tus resultados. 

             Yo creo que los niños van a tener más preguntas que los adultos, esa es mi hipótesis
¿Puedo enseñar ciencia si les pido que todos planten un mismo tipo semilla y la vean crecer?

      - Esa es  una opción, pero estarías cayendo en el mito de que todos los científicos hacen lo mismo y aún en ciencia existen distintos trabajos que hacer, ya que hay quienes hacen investigación básica con el tipo de preguntas que salvan vidas, venden millones de dólares en la industria farmacéutica o bien responden a preguntas sobre el universo.

    Luego hay otro grupo de personas que traducen todo ello y logran explicarlo con palabras más comprensible y finalmente están quienes aplican todos esos conocimientos de manera menos ostentosa.



    Actualmente se habla de ciudadanos científicamente educados que son personas que aman la ciencia pero que no son científicos, pueden ser periodistas o bien divulgadores de la ciencia.



   A su vez, en ciencia hay expertos en preguntar, o en hacer análisis matemáticos, otros escriben y otros pueden reportar sus hallazgos de manera sencilla para la gente, por lo que si pides que todos hagan lo mismo, están centrándote solo en una parte de la labor científica.



   Te propongo que les pidas diferentes tipos de semillas, y que ellos decidan quien quiere sembrar la semilla y cuidarla, otros pueden hacer observaciones que incluye medir el crecimiento de la planta todos los días, otros pueden tomar fotografías para mantener un registro visual,  otros podrán escribir sobre lo que vayan encontrando y finalmente algunos podrán brindar conferencias sobre la experiencia.



     Puedes tener equipos donde los niños decidan la labor que les gusta más y de este modo todos pueden comprender que hay distintos facetas de la labor científica, igual que lo hiciste con la obra de teatro, tuviste escritores, maquillistas, tuviste cantantes, actores  y cada uno encontró su talento, en ciencia es lo mismo.


¿Qué pasa si la planta no crece? , ¿Repruebo a todo el equipo?


-¡Querido David! ¡Ya estás hablando como maestro!!... pero ¡eso es lo que nos hace a todos odiar la ciencia!. ¡No hay razón para ser tan violento con los niños, porque en ciencia se aprende tanto de los errores como de los aciertos!.


Si una planta crece, siendo que están al pendiente de todo, los niños aprenderán que existen 4 variables: tipo de semilla, cantidad y tipo de tierra, cantidad de agua y de luz. Algunas semillas crecerán más rápido que otras, por ejemplo mis melones brotaron antes que las semillas de hibicus, y algunas necesitan más agua que otras, para algunas la luz de la mañana les hace mejor que la luz del medio día. Los niños podrán ver las diferencias y aprender de ellas.


Si la planta se muere comenzarán a preguntarse ¿qué fue lo que falló? , ¿Quizá era necesaria más luz, tal vez no debí ponerle jugo de naranja en lugar de agua. La próxima vez voy a poner más semillas en lugar de solo una… 


¿Soy tonto o solo me siento así?


                -Nada de eso, eres un maestro que aprende y que será capaz de enseñar a los niños.  
                ¿Nos vemos mañana por la tarde?


Cuando colgué, sentí que acaban de sembrar la semilla de la curiosidad y la investigación que nunca creció en mí, pero me aterró pensar que en algunos años otros maestros de los niños  la pisarían como se pisa a una hormiga… 


Terminé de responder algunos email que incluían varios de mis amigos quienes preguntaban si me gustaba ejercer mi autoridad sobre los niños y me brindaban consejos de cómo mantenerlos quietos en clase. Si eso era ser maestro, comprendí porque nunca me gustó la escuela.

Thursday, February 28, 2013

11 Aprendiendo ciencia



Después del éxito en el mundo de las artes, me di cuenta que la siguiente gran asignación tenía que ver con la ciencia, pues la escuela iba a organizar una feria de ciencia.

¿Qué diablos puedo enseñar sobre ciencia?, que es un área a la que solo unos cuantos privilegiados tienen acceso, que se requieren más de 3  neuronas para comprender un párrafo,  que es aburrida, que hacen falta años de matemáticas y signos raros para poder decir que se sabe un poco. Comencé a sudar frio. La carta de invitación tenía la imagen de un átomo, y parecía muy formal, ¿qué diablos sé de los átomos? solo que son chiquitos… ¿qué le iba a decir a los niños?.

Cuando busqué un manual de enseñanza de ciencia en Google aparecieron muchos, algunos con más de 800 páginas, había videos, charlas, pero la idea no era decir que era la ciencia, eso cualquiera lo puede encontrar en Wikipedia, el problema era como diablos iba yo a aplicar la definición que dice: es el proceso de adquisición, refinado y organizado  de conocimiento mediante el método científico. 

Mi mente corrió como potro con diarrea y pensé que era más fácil saltar de un puente con un paracaídas que aprender ciencia y luego ENSEÑAR ciencia. Mis recuerdos vagos de ello se limitaban al color de los libros y buscar la manera de que la chica de los lentes grandes y suéteres horrendos me ayudara con mis tareas y luego me pasara el examen, solo que no podía decir eso a los niños.

Estaba a punto de salir a caminar cuando oí el timbre de la puerta, era Gaby. No estoy seguro que vio ella en mi cara, pero cuando su asombro se disipó, me dijo: Ven te voy a llevar a que conozcas a alguien, tienes tiempo ¿verdad?. ¿Cómo podría decirle que en un par de días tendría todo el tiempo del mundo?.

Cuando abroche el cinturón de seguridad del asiento, noté el poderío de su Prius. Creo que si hubiera sido una canica en una caja habría brincado por cada ángulo posible. No estoy seguro si besé el piso cuando se detuvo frente a una casa cercana a la escuela, de hecho, recordé que había caminado frente a ella. Las ventanas eran grandes y era posible ver a alguien trabajando casi siempre.

Cuando estábamos a punto de tocar la puerta, ésta se abrió casi como si supiera que estábamos ahí, quien abrió era una persona de piel morena y ojos cafés, sin mirarme me preguntó: ¿qué sabes de poleas?. 

¡No estaba seguro si había comprendido la pregunta!, si bien tenía un acento extraño, estaba seguro que había dicho “poleas”… tuve que decir muy educadamente: ¿Perdón?.

-No importa, ven creo que tú puedes ayudarme, no puedo pedirle a Gaby que se meta en el lodo, es que mi planta de jitomate necesita ayuda y la física puede hacer el trabajo. 

No estaba seguro si había comprendido: ¿cuál era la relación entre las poleas, una planta de jitomate y la física?. Lo único que era claro es que Gaby no iba a ensuciar sus zapatos de tacón. 

Vi que tenía en su mano varios listones y al mismo tiempo que comenzó a correr le dijo a Gaby que ella podría ver desde la ventana… ¿estaba frente a una situación de rapto?, ¿quizá usaría los listones para atarme las manos?...

Cuando fuimos al otro lado de la casa, vi varias plantas, una de ellas parecía tener uvas y entonces mis ojos vieron algo que jamás imaginé: ¡Una planta llena de jitomates!, siempre creí que nacían en las cajas con las que se exhiben en el supermercado.

Me pidió que clavara un par de clavos, pero antes midió el ángulo para que fuera posible “ejercer fuerza de apoyo para sostener la planta” y luego midió “la longitud para determinar el mejor ángulo de apoyo”.

No podía creer que la física sirviera para sostener la planta, de la forma en que ella lo predijo y se sostuvo de modo tal que ninguna hoja se lastimaba, la planta parecía feliz.

Cuando terminamos cortó el jitomate más rojo y me lo dio, me dijo: te has ganado esto por tu ayuda, ¡muchas gracias!.

Cuando tomé el jitomate no pude evitar preguntarle si enseñaba ciencia, sonrió y me dijo con voz tranquila: No David, estudio el aprendizaje, y creo que tú ya has visto que aplicando las estrategias correctas los niños no solo aprenden, también lo disfrutan.

Su sonrisa era enorme, pero cuando comencé a mirarla, me dijo: ven, te has ganado un vaso de limonada, solo que tendrás que agregar azúcar.

 Cuando entré a su casa, creo que la emoción fue tan grande que la abrace y luego abrace a Gaby. Había libros y revistas de ciencia, computadoras, fotografías ¡muchas fotografías!, pero lo que captó mi atención fueron unos frasquitos en una jarra de vidrio que tuve que mirar de cerca. Cuando Gaby me vio me preguntó ¿sabes qué es eso?... había toda clase de semillas dentro y parecía que cada frasco tenía una etiqueta. 

- No, pero parecen ¿semillas?... y entonces escuché como música: son mis experimentos científicos,  estoy intentando beneficiar a mi jardín, y comenzó a abrir y a mostrarme cada uno, pensando tal vez que entendía lo que me estaba diciendo, pero mi emoción fue aún mayor cuando comprendí que estaba frente a mi gurú y que ella me dirigiría en mi camino por la ciencia.

Cuando terminé de mirar, me dijo: ven, ¡te voy a enseñar una maravilla biológica!, salimos todos, incluyendo su par de perros y me mostró una planta llena de mariposas y abejas… estoy intentando crear un jardín amigable para las abejas ¿no son hermosas?.

¿Hermosas?, ¡ver la ciencia en acción era hermoso!. 

- ¿Te molestaría mostrar esto a mi grupo de niños? Le pregunté con un poco de pena… ¿quizá podrían venir después de clase, y quizá les podrías explicar todo lo que haces?, pero ella sonrió y respondió: ¡será un gran placer, a los niños les va a gustar!.

Me di cuenta que cuando se quiere, ¡la ciencia puede ser divertida!, ¿no es increíble?. ¡Había tenido mi primera clase de ciencia y no hubo necesidad de raptarme!.

Ahora solo tendría que sobrevivir a la velocidad del Super Prius con Gaby al volante...

Wednesday, February 13, 2013

10 Aprendiendo del arte


La obra de teatro que los niños escribieron incluyó los valores de la amistad, la cooperación,  la paz y escribieron la obra de modo tal que hizo reír y llorar a sus padres, pero sobre todo sorprendió a los directivos y demás maestros.

La historia es simple, se centra en  una niña que llegada de un país lejano, se siente perdida en el mundo,  sin compartir el idioma del lugar, pero  capaz de encontrar amigos, obsesionada con un hot dog  con crema de cacahuate que inicia su búsqueda por un lugar entre un grupo de niños que no creían que los monstruos pudieran tener lagañas rosas. Todo para decir: la amistad, la paz y la cooperación son la mejor forma de resolver problemas del mundo.

Cada uno aportó su parte, descubrí que todos son buenos para algo, por ejemplo el telón de la obra estaba bellamente decorado con malvaviscos mordidos y las lagañas del monstruo eran pétalos de rosa. Mi asistente de director tuvo todo a tiempo y en orden, el vestuario no pudo ser mejor pues cada niño decidió que usar algo relacionado con su cultura, por lo que pudimos ver trajes típicos de cada uno de sus países, lo que inundó de una fiesta multicolor el evento.

Descubrí que la confianza en mí no era mucha por parte de los directivos de la escuela. Nuestra obra fue dejada al final del programa, esperando que los padres no se sintieran avergonzados de la pobreza artística de sus hijos, porque mi grupo estaba catalogado como de bajo perfil. No me quedó claro que significaba eso hasta que la directora, me tomó del brazo y me susurró: ¿cómo hizo usted para lograr que los niños actuaran?.

Afortunadamente en ese momento una madre me abrazó tan fuerte que imagine que mis ojos saltarían y tendría que correr tras ellos, aunque no imaginé cómo si no vería sin ellos. Cuando finalmente me soltó me dio un beso y grito: ¡No sabía que Mita pudiera cantar tan bonito!. 

Cuando el papá de José llegó hasta su hijo, no solo lo felicitó, le dijo que estaba orgulloso de él. Si una obra de teatro nos permitió aprender vocabulario,  hilar ideas, hacer secuencias de eventos, trabajar verbos, poner en marcha el trabajo cooperativo, desarrollar nuestra creatividad y… ¡puf! puedo seguir la lista, por primera vez deje de sentir miedo de toda su riqueza cultural… estos niños me habían enseñado más de lo que yo aprendí en todos mis años de clases aburridas…

Mire con cuidado como Hanna bailaba entre sus hermanas cuando sentí un jalón en la manga, era Erick que tenía un puñado de malvaviscos mordidos y con una sonrisa me preguntó: maestro, ¿quieres ayudarme con el telón?, le dije: ¡claro, ya que no me dejaron ayudar a prepararlo!. ¡No podía creer que estaba comiendo malvaviscos y sabían a gloria!, ese puñado de azúcar eran un premio Oscar para mí.

Estaba avanzando a la puerta cuando vi a Gaby sentada en el asiento más alejado del escenario. ¡No podía creer que estaba ahí, con sus tacones alto y su vestido de seda!. Estiró el programa y me dijo: ¿me lo puede autografiar, por favor?, le sonreí como pocas veces lo había hecho y cuando ella estiró la pluma, la directora se puso en medio de los dos y  dijo: “Bien hecho, nos sorprendió a todos, quiero que me diga que hizo con esos niños”. Estaba a punto de responder cuando Gaby dijo con voz suave: “creyó en ellos”. 

La directora la miró con desdén, la señaló con su Iphone  y casi le ordenó: “Quiero que calendarice los cursos para la primavera, parece que ustedes tienen algo que favorece a los maestros”.

Cuando salimos, todo se veía distinto.

Wednesday, November 14, 2012

9. Enseñando competencias lingüísticas

Mientras que los libros de pedagogía dicen que los niños aprenden bajo propuestas epistemológicas difíciles de comprender e inaplicables en un aula de verdad, la realidad hasta ahora me indica que solo hay que poner una gran sonrisa y motivarlos para hacer eso que deseamos que hagan y engancharlos en un proyecto donde, sin darse cuenta, aprendan algo.

El proyecto de teatro les entusiasmó más de lo que esperaba. En cuanto llegué al salón al otro día conecté mi laptop al proyector y comencé a explicarles que requeríamos de un proyecto, y les dije mis ideas.  Les fui explicando la lista de tareas y el perfil de cada uno de los participantes y no pude desear más entusiasmo. Había manos levantadas para cooperar, para hacer, para pensar.

Hubo tal cantidad de ideas que mi ayudante de director tuvo que brincar de su silla y poner orden. Creo que este niño es un líder nato. No tuve que decirle lo que se requería de su puesto. Llegó un momento en que se levantó y pegó algo en la puerta del salón ayudado por su asistente. Preferí no leer lo que decía, sabía que me llevaría una sorpresa.

Las ideas flotaban desde calabazas poseídas por fuerzas nocturnas hasta arboles disfrazados de conejo con sombreros de calabaza. Incluso por un momento pude ver corriendo por el salón un árbol desnudo en busca de sus hojas. Cada idea nos permitía ir centrando más y más nuestra obra, hasta que después de dos horas, habíamos escrito, editado, leído buscado en internet, aprendido dos palabras nuevas y aún teníamos ánimo para revisar un par de libros que encontramos.

Me detuve por un segundo mientras guardaba mi laptop al final de la clase y pensé cuanto habíamos hecho ese día en temas de lenguaje. Un solo libro no habría sido capaz de darnos tantas excusas para reír tanto y al mismo tiempo avanzar en nuestro proyecto. Antes de irse a casa una niña regreso hasta mi lugar y me dijo en secreto: “¡Gracias!”.

Cuando le pregunté por qué me agradecía, me respondió: “Odio actuar, prefiero ser la encargada de la escenografía”. Le devolví la sonrisa y le dije que no dudaba que tendríamos el mejor escenario del mundo.

Cuando salí del salón, vi el papel pegado más debajo de la mitad de la puerta, era una hoja con letras casi dibujadas que decía: “No interrumpir, estamos pensando en grandes ideas”. Trate de hacer memoria cuando en mi vida escolar había tenido una gran idea y más aún, una gran idea compartida.

Despegué con cuidado el papel y lo guardé en mi portafolio. Es cursi, lo sé pero no podía creer el impacto de nuestro pequeño proyecto escolar. Si un escritor de películas estuviera en el salón, los espectadores habrían visto toda clase de imágenes saltando por toda la pantalla y una voz diciendo, “no, pero entonces esta otra idea puede quedar mejor” y habríamos visto la primera idea desvanecerse y otra ocuparía el centro del escenario, como una obra de Bob Ross, con elementos felices fluyendo, pero lo mejor de todo, es que los creadores de todo eso eran niños interesados en el idioma inglés.

Mientras caminé a casa envié un mensaje a mi gurú para decirle como había sido la sesión creativa. Recibí su respuesta cuando estaba abriendo la puerta de mi departamento: “cuando un niño sonríe mientras aprende, es señal de que estás haciendo lo correcto”.